Heraldo de Almería, 1931

Al correo electrónico del blog, ha llegado este recorte de prensa del periódico Heraldo de Almería de 1931. El remitente ha sido José Ramón Suárez Ortiz, al que agradezco el envío realizado.

En él encontramos una exaltación a la mantilla española como orgullo patrio que las mujeres deberían portar sin sucumbir a los dictámenes de la moda que llega de otros países.

Al leerlo, bien podríamos decir que pertenece, no al año 1931, sino incluso al siglo anterior. ¿Por qué? Por que precisamente el nombre de este blog está tomado de una expresión acuñada en el siglo XIX, cuando Amadeo de Saboya ocupaba el trono español (ver entrada Historia de la mantilla para más información): http://laconspiraciondelasmantillas.blogspot.com/2008/02/historia-de-la-mantilla.html

Como nota anecdótica, en Madrid, donde el empleo de la mantilla estaba tan arraigado a las costumbres que las damas de la nobleza madrileña, la convirtieron en símbolo de su descontento durante el reinado de Amadeo de Saboya y su esposa María Victoria. El rechazo hacia ellos y a sus costumbres foráneas fue protagonizado por las mujeres, que se manifestaron por las calles madrileñas llevando, en lugar de sombreros, la clásica mantilla y peineta española. Un hecho que pasó a la historia como "la conspiración de las mantillas".



HERALDO DE ALMERÍA, 1931.

La Mantilla:

Llegó la época en que la mujer española, se atavía con la prenda más castiza y que mejor marco ofrece a la belleza femenina, hasta el punto, que pocas son las mujeres que llevándola puesta no realzan sus encantos naturales y disminuyen o neutralizan sus efectos.

En convencimiento de este verdad es general ; y sin embargo, solo en estos días y en los toros se ve lucir por las calles y plazas tan española prenda.

El antiestético sombrero ha venido a sustituir en todas ocasiones a la clásica mantilla.

Bien está que para ciertos actos, si se considera más cómodo que se emplee, pero hay otros en que debe desecharse por completo.

A misa y a los actos religiosos, la mujer española no debe acudir sino tocada con la mantilla. La modestria, la unción y el recogimiento que en ellos debe tenerse parece como que lo requiere.

El sombrero acusa descaro, afán de exhibición; la mantilla, al cubrir con sus celajes el rostro femenino, lo rodea de un nimbo de misterio que es símbolo de sencillez y de candor.

Claro es que no se nos oculta que la moda actual es un obstáculo para lo que apuntamos, pues la mujer se somete a sus tiránicas imposiciones; pero afortunadamente hay mucha que sienten ferviente amor a las tradiciones patrias y como homenaje a nuestra tierra pueden emprender una cruzada que lleve como fin librarnos siquiera en las ocasiones dichas de esa imposición de otras naciones que acatamos como todo lo extranjero por parecernos mejor que lo nuestro, sin comprender que cada país tiene su característica y que precisamente en cada uno de optó por lo mismo, aquello que en indumentaria como en costumbres mas se avenía con los tipos y con la raza.

No puede dudarse que el uso del vestido nacional o regional encierra un positivo sentimiento patriótico, tanto como el lenguaje. Con ello se ofrece a los extraños la visión de características definidas en el vestido que den la sensación de una compenetración espiritual, y confirmar y ratificar en todo momento para los de dentro el santo amor a la tierra nativa. Véase, pues, como no es cosa baladí lo del vestido en cuanto tiende a la exaltación del patriotismo.

Nadie con más derecho y mayores medios para esto que la mujer; ella puede dar principio a esta obra sin esfuerzo alguno. La mantilla española puede ser la bandera que ondeando airosa sobre la cabeza de la mujer nos guíe y encienda en fervores patrióticos, pues la semejará a aquellas ilustres matronas que tan alto pusieron el nombre de las damas españolas que inculcaron a sus esposos e hijos sentimientos tan elevados que les hicieron realizar la epopeya de la Reconquista y aprisionar el sol en los dominios españoles.

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