Recordando crónicas: Caras de Amor y de Esperanza

La plaza de la Catedral hace tiempo que quedó acorde a la importancia del monumento eclesiástico que rodea. El principal templo de la Diócesis, concebido en 1524 bajo el reinado de Carlos V, es el centro neurálgico de los Miércoles Santos. Si a la salida de Prendimiento ya no cabía un alfiler, ese mismo elemento de costura lo tuvo imposible para encontrar un sitio cuando la cruz guía de la Real Ilustre, Concepcionista y Universitaria Hermandad de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora del Amor y la Esperanza, ganaba las calles almerienses.

La noche, muy agradable y sin el viento que deslució los desfiles del Martes Santo, ya era un presagio de lo que se avecinaba. Caras jóvenes y sonrientes de los muchos niños que procesionan con Estudiantes, abrían el cortejo procesional y daban paso a una larga fila de nazarenos con túnica negra, antifaz y capa roja, y pleita de esparto. Detrás, comenzaba a divisarse el paso de misterio. Ese paso que representa la agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní, confortado con un ángel, y que como principal novedad presentaba tierra del propio Huerto de los Olivos de Tierra Santa. Las primeras saetas, a cargo de Rocío Segura, no tardaron en acompañar al Señor.

Turno ahora para el tramo de la Virgen, cuyos penitentes vestían con túnica blanca, antifaz, capa y cíngulo verde. Las monjas de clausura de Las Puras ya esperaban a su Señora del Amor y de la Esperanza. Treinta y cinco costaleros bajo el paso de misterio, fueron abriéndose paso entre la multitud a las órdenes de Antonio Andrés Díaz Cantón.

En las puertas del templo de Las Puras, ahí donde esta Cofradía realiza todos sus cultos, se encontraban las mismas monjas que dieron cobijo en su día a las imágenes de Estudiantes, cuando la restauración de la Catedral por culpa de un incendio que quemó parte del corazón de la Semana Santa almeriense. Ofrenda floral y de una pequeña Virgen por parte de las religiosas, que acompañó en el resto de la estación de penitencia a Nuestra Señora del Amor y de la Esperanza. Ésta fue la primera de las tres paradas importantes que realizaría la Hermandad.

Poco a poco, Estudiantes fue acercándose al Paseo de Almería. En la calle Gerona el paso de palio era recibido por una nueva lluvia de saetas en la Asociación de Lucha contra el Cáncer. Allí fue escoltado por centenares de almerienses que, año tras año, asisten a este recibimiento. Nuestra Señora del Amor y de la Esperanza, que en este desfile procesionó con la medalla que la acredita como concejala honorífica de la ciudad, regalo que en 1983 le hizo Andrés García Lorca, afrontaba la recta final de Álvarez de Castro y al fondo se veía una multitud de gente que abarrotaba la Plaza Virgen del Mar. Otro de los puntos obligatorios para ver a la única cofradía que ha procesionado desde su fundación, un Viernes Santo de 1944.

En la Patrona, Estudiantes iba a realizar su última parada. El paso de palio se abrió paso y se postró delante de la iglesia, donde esperaban el prior de los dominicos, Fray Justo Cubero, y representantes de la Hermandad de la Virgen del Mar. Un acto emotivo y sencillo, que es ya una tradición en las noches de los Miércoles Santos. Tras la levantá, la cuadrilla de costaleros dio marcha atrás, aunque la Señora nunca le perdió la cara al templo de la Patrona de la ciudad de Almería.

Estudiantes enfilaba General Tamayo y, mientras el hermano mayor pedía la correspondiente venia para comenzar la Carrera Oficial, la Tuna de la Universidad de Almería tomó la iniciativa. Son ya muchos años en los que los tunos se rinden a su Virgen del Amor y la Esperanza y la agasajan con todo tipo de canciones y serenatas. En esta ocasión, estaba escrito que sólo podía ser una la cantada. El tiempo apremia en los trayectos finales, pero los tunos supieron sacar lo mejor de sí mismos.

Se hizo el silencio en la Plaza Virgen del Mar cuando las bandurrias, guitarras y panderetas empezaron a sonar. Voces juveniles y alegres dieron vitalidad y alegría al cántico de La Hiedra. Cientos de aplausos de los almerienses se fundieron en uno solo, al grito del capataz que levantaba el paso para dirigirse al Paseo de Almería.

Allí, las gradas llenas esperaban a Estudiantes. Las cornetas y tambores de la banda de la Santa Cruz ya anunciaban que el paso de misterio estaba empezando la revirá para meterse en la Carrera Oficial. Nuestro Padre Jesús en el Huerto entraba majestuoso en la principal arteria de nuestra ciudad, precedido de un vía crucis que cada año parece aumentar.

Posteriormente, las mantillas. Las sirvientas de Nuestra Señora del Amor y la Esperanza dejaron atrás General Tamayo y se iban apoderando del Paseo. El paso de palio, con una Virgen esplendorosa rodeada de rosas y lilium blanco, y con toda la candelería encendida fruto del trabajo de los pavileros, asomaba su palio. Los almerienses que esperaban en Carrera Oficial quedaron rendidos.

Texto a imagen: El Almería.

Comentarios

una mantilla ha dicho que…
Enhorabuena por tu articulo referente a la situacion de la plaza de la catedral el miercoles santo 2009 te honra como cofrade hacerlo y sentirlo que tambien se palpa muy emotivo gracias
una mantilla ha dicho que…
Enhorabuena por tu articulo referente a la situacion de la plaza de la catedral el miercoles santo 2009 te honra como cofrade hacerlo y sentirlo que tambien se palpa muy emotivo gracias
Lola Haro Gil ha dicho que…
El artículo en cuestión no es mío, es del Almería Actualidad/Diario de Almería, lo firma Pablo Laynez.

Resulta interesante recordar crónicas de estos días que se han publicado en distintos medios.

Saludos,


LoLa.
Anónimo ha dicho que…
felicidades por el artículo. me gustaría que pusieras el artículo del cualquier diario sobre el silencio.
Lola Haro Gil ha dicho que…
¡Hola!

Poco a poco iré subiendo todos los artículos recopilados sobre la pasada Semana Santa.

Un saludo,

Lola.