Recordando crónicas: Noche impregnada de luto y respeto

Pasadas las siete de la tarde se abrían las puertas de la parroquia de San Pío X. Un gentío se agolpaba en las angostas calles del Zapillo para recibir a su Señor. La cruz guía, flanqueada por dos faroles de forja, comenzaba a asomar por la calle Tejar. El respeto se apoderaba de los cientos de almerienses que volvían a reunirse a la espera de que Nuestro Padre Jesús del Gran Poder ganara la calle.

En el interior de la parroquia, ya se oían las primeras llamadas para que la cuadrilla fuese tomando posiciones bajo el paso de misterio. Los hermanos de esta cofradía habían hecho el voto de silencio antes de comenzar a procesionar y la gente supo respetar y compartir esta promesa. Una larga fila de penitentes, con túnica y capirote negro y cinturón de esparto, salían a la calle con cirios de color burdeos. El olor a cera se fue expandiendo poco a poco por las avenidas colindantes a San Pío X.

La aparición del estandarte coorporativo de la Hermandad de color morado y negro, una bacalá y el estandarte de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, era ya un signo inequívoco de que el Señor del Zapillo se iba a mostrar en todo su esplendor a su barrio.

Ese Cristo revestido con túnica de terciopelo morado, erguido y con la cruz a cuestas, réplica de su homólogo sevillano, ya se divisaba en el claroscuro del pórtico de la parroquia. La imagen se mostraba con la cabeza inclinada hacia la derecha, mirando el bello manto de claveles rojos sobre el que camina Jesucristo en su tortuosa ruta hacia el Monte del Calvario.

Los almerienses fueron ganando espacio y metiéndose de lleno en la calle por la que tenía que salir el majestuoso paso de misterio. Manuel Sánchez, conocido popularmente en el mundo de la Semana Santa como el Tachuela, guiaba a una sufrida cuadrilla de costaleros que comenzaba la revirá por Tejar para enfilar el camino que le llevaría hacia el corazón de Almería.

La primaveral tarde de Lunes Santo engrandeció más todavía el carácter de luto de esta Hermandad Sacramental de Nuestra Señora del Carmen, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso. Con todos los cirios encendidos, cruz guía y nazarenos iban abriendo un cortejo que por la amplia avenida Cabo de Gata, ya divisaba en el fondo el Cable Inglés. Un vía crucis de penitentes con verdugo, escoltaba las espaldas del paso y dejaba paso a los numerosos vecinos del Zapillo que acompañaron a su Señor en esa noche en que Gran Poder deja de ser Hermandad para convertirse en Cofradía.

Estampas para el recuerdo dejó el paso por debajo del Cable Inglés. El señorío de esa construcción, con los últimos rayos de sol en el horizonte, le daba más tronío a un Cristo que apenas podía abrazar el travesaño de la cruz víctima de un calvario que iba a desembocar en su crucifixión. Los inciensarios formaban una tenue cortina de humo, rota por el paso firme y seguro de los costaleros.

Con puntualidad, el Hermano Mayor solicitaba la venia para efectuar estación en la Carrera Oficial, mientras la Macarena se dirigía hacia la calles de las Cruces. El Paseo de Almería quedó sumergido en un ambiente de luto, al que sólo le faltó que se hubieran apagado las farolas. Los almerienses supieron respetar ese voto de silencio que acompañaba al Gran Poder desde su salida. Luto riguroso. Silencio en la avenida principal de nuestra ciudad. Respeto por el Señor del Zapillo que emprendió la vuelta a su barrio.

Texto: Pablo Laynez Rodríguez en El Almería.

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