La universidad sevillana Pablo Olavide investiga documentos cofrades de antaño.

Los tesoros que custodian las hermandades esconden secretos sobre la vida de las ciudades y las relaciones de sus habitantes a lo largo de los siglos. Los actos de cabildo, los libros de hermanos o las reglas de las hermandades han escrito las líneas de las Historia gracias, en gran medida, a la ordenación y catalogación de estos documentos cofrades, que han permanecido dispersos a lo largo del tiempo. Poner en orden estos archivos históricos y darlos a conocer a los historiadores e investigadores es fundamental para estudiar, por ejemplo, el precio de las flores a lo largo de los siglos o para acercarse a la historia de las bandas musicales o de la Enfermería. Estos fondos documentales de carácter religioso sólo hablan de la historia de cada hermandad sino que también permiten profundizar en las instituciones, descubrir detalles sobre la vida de un personaje histórico o de un antepasado, analizar la necesidad de los bancos de alimento, por ejemplo, de las bolsas de caridad en cada período.

El arduo trabajo que supone buscar, ordenar y describir el patrimonio histórico y artístico de todas las hermandades de Sevilla centra una investigación de la Pablo Olavide en la que trabajan siete doctores: Antonio J. López, Magdalena Canellas, Nieves González, Manuel García, Antonio García, José María Miura y Silvia María Pérez. Junto a estos investigadores trabaja un grupo de siete becarios gracias a la Fundación Cajasol, que se involucró en la creación de estos archivos desde que en 1995 el catedrático de Historia Medieval, Manuel González, iniciara esta intensa tarea. Hoy 20 archivos ya está organizados, los que supone 2.000 cajas de documentos. En estos momentos este equipo trabaja en la catalogación de la Biblioteca del Ateneo de Sevilla, en los fondos del Monasterio de la Virgen de Loreto (Espartinas), así como en los fondos de la hermandad matriz de Almonte.

Al bucear en estos documentos históricos el investigador logra desmentir algunos argumentos basados en la tradición que tratan, por ejemplo, de excluir a las mujeres de algunos de los aspectos de la vida de las hermandades. El profesor José María Miura, experto en Historia Medieval, reseña que “en sus orígenes la hermandades se constituyeron como asociaciones para la ayuda mutua y la no discriminaban a los hermanos por razón de género”. Es más, en las de carácter penitencial “las mujeres participaban en la procesión en igualdad con los hombres, en los siglos XVI y XVII. En aquella época se discriminaba el acceso a la hermandad por otras razones; por ejemplo, por la pertenencia a una estamento social o a un gremio”, añade el profesor. La discriminación de la mujer en Semana Santa es producto del siglo XIX.

Otro fenómeno que se descubre en estos archivos es una tendencia a la sevillanización de hermandades en otros puntos del país. “Descubrimos que se tiende a copiar por ejemplo a la Macarena y que este fenómeno provoca la pérdida de diversidad. Cada hermandad debe mantener su propia personalidad”, añade. Por ejemplo, en muchas zonas “lo tradicional es sacar el paso con ruedas y no con costaleros, pero hay una tendencia generalizada a la última opción”, destaca Miura. En Sevilla, “sin ir más lejos, en el siglo XIX, el Santo Entierro salía con ruedas y si lo hubiera mantenido hoy sería muy peculiar”.

Entre los documentos hallados por el profesor Antonio J. López destaca, entre otros, los expedientes de las dotes de las doncellas. “Se trata de dinero que daban las hermandades a aquellas hermanas que querían contraer matrimonio, pero que no disponían de recursos”, explica López. Los libros de hermanos o los expedientes de los medicamentos de las hermandades de gloria son otros documentos de gran valor histórico.


Artículo publicado en "SABER. El periódico de la universidad andaluza".

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