Recordando crónicas: Almería se rinde al Perdón de Dios.

Coronado de Espinas Jesús nos recuerda que no hay Amor sin Perdón. De nada sirve ser un personaje relevante si sólo usas tu posición para ajusticiar al inocente con el único ánimo de proteger tus intereses. Pero Jesús perdona porque ama. La Virgen no puede ver cómo su hijo es centro de las mofas de la gente y sufre el Primer Dolor de los siete que tiene que padecer pero, aún en esa tesitura, continúa confiando en la Gracia de Dios que le reconforta y le da Amparo.

Almería es como las trompetas celestiales y, con tres cofradías en la calle, desgrana la partitura de la Pasión con sonidos y silencios. Los sonidos son notas musicales que subrayan y acompañan el significado de sentimientos tan dolorosos como la burla o la crucifixión. Pero el silencio, el vacío silencio, es el sonido que enfatiza el patetismo del más doloroso de los sentimientos: La soledad incluso en el momento mismo de la muerte.

El pueblo que, antaño, dejó solo a Jesús en su momento más duro ahora vuelve sus ojos a Él y le acompaña dándole al silencio un nuevo significado, el del arrepentimiento y la necesidad de Perdón. Y Jesús, coronado de espinas y clavado después en la Cruz, perdona incondicionalmente porque es todo Amor.

Martes santo, jornada para reflexionar sobre nuestro comportamiento en la vida. ¿Quién quiero ser? ¿El que condena y se mofa o el que perdona porque ama?

Martes Santo en Almería.
La hermandad juvenil volvió a poner en la calle toda una lección de catequesis y penitencia que es cada vez más reconocida por el público.

Por segunda noche en nuestra Semana Santa, y tras la primera ocasión con motivo del desfile del Gran Poder, anoche Almería volvía a enlutarse con la salida de la Hermandad del Perdón desde la Iglesia de San Ildefonso. Esta hermandad, que cada año congrega a más y más público, volvió a cumplir con el rito y puso en la calle un cortejo procesional que realizó un Vía Crucis Penitencial de Silencio que volvió a ser lo más valorado de la noche del Martes Santo Almeriense.

Mientras que las agujas del reloj se acercaban a las diez de la noche, en el exterior del templo se continuaba congregando público que buscaba un hueco en el que acoplarse para poder ver salir al Perdón. Por otra parte, en el interior del templo, los hermanos renovaban su voto de silencio y se organizaban para salir al exterior.

A las diez en punto se hizo el silencio, el sonido de los roncos tambores destemplados se comenzaba a escuchar dentro de la iglesia y, cuando se abrieron las puertas y la Cruz de guía de esta hermandad juvenil salió a la calle, el silencio se acompañó de rostros que reflejaban la más profunda de las emociones. Esa emoción que convierte en naturales las lágrimas que resbalan por las mejillas sin que nadie se extrañe de verlas en la cara de los demás ni en la propia.

Tras la Cruz y los esclavos del bombo, que rompían el silencio con sus particulares marchas compuestas de diferentes cadencias y golpes de tambor y bombo, las largas hileras de penitentes comenzaban a salir de San Ildefonso. Primero los hermanos más pequeños que, portando sus báculos de madera, seguían a su estandarte de tramo. Posteriormente tocó el turno del resto de hermanos que componían el cortejo y que portaban faroles de mano cogidos con la mano interior según su posición en el desfile.
El público que abarrotaba la calle Acosta y la propia de Las Mercedes comenzó a ver la luz que producen los cuatro pebeteros de las andas del Santísimo Cristo del perdón y de las lluvias tras la impresionante nube de incienso salida de los siete incensarios que precedían a las andas y sintieron como su pulso comenzaba a acelerarse por la inminente salida de esta impresionante talla obra del fallecido imaginero malagueño Francisco Palma Burgos.

Antonio Guerrero Trujillo, capataz de la cuadrilla que porta sobre sus andas al Señor del Perdón, indicó a golpe de báculo cada una de las acciones que había que realizar para superar la puerta y, un año más, se volvieron a escuchar los pasos de los portadores sobre la rampa de madera mientras que el Señor del Perdón irrumpía en la calle terminando de despertar los sentimientos en aquellos espectadores que aún no habían terminado de manifestarlos. Lágrimas de emoción se veían en los rostros de muchísimos almerienses y una cosa que todos hacía a la vez, mirar al Señor del Perdón a la cara para ofrecerle el cariño que este pueblo siente por Él.

El amplio cortejo procesional ocupaba ya varias calles de las primeras que componen el recorrido de este Vía Crucis Penitencial de Silencio y, en todas ellas, la muchedumbre dificultaba el discurrir de los penitentes ofreciendo, entre unos y otros, una estampa devota que es única en nuestra Semana Santa por sus particulares características.

La calle Silencio volvió a ser un hervidero como todos los años, lo mismo que pasaría en Joaquín Peralta y San Leonardo. Pero, también como todos los años, la marea humana más importante aguardaba al Cristo del Perdón a las puertas de la Compañía de María, en la avenida obispo Orberá que volvió a quedarse pequeña para acoger a tantos y tantos almerienses que esperaron en ella la llegada del Cristo.

Tras bajar por la calle Javier Sanz, el cortejo modificó su itinerario con respecto a años anteriores y tomó la calle Rueda López para, desde ahí, volver a Reyes Católicos y General Tamayo antes de entrar en la Carrera oficial a las doce de la noche, tal y como tenían previsto.

De nuevo la Hermandad del Perdón consiguió aglutinar a su alrededor a millares de almerienses durante su Estación de Penitencia. Este año, además, la hermandad celebra el treinta aniversario desde que el conocido cofrade almeriense Fernando Salas decidiera fundar la hermandad con aquellas connotaciones tan particulares que, a día de hoy, se han convertido en seña de identidad propia y exclusiva del Perdón y la han llevado a convertirse en el desfile más celebrado de todos los que se producen en nuestra Semana Santa. El primer paso ya está dado y la ciudad reconoce enseguida a la hermandad y se siente atraída por ella. Ahora sólo queda el duro trabajo de que, además del necesario espectáculo folclórico, Almería también admire, valore y se enamore del mensaje catequético que esta hermandad manifiesta cada vez que los cientos de penitentes vestidos de negro de su cortejo salen a la calle en noche de Martes Santo para honrar al Santísimo Cristo del Perdón.


Texto: José Leyva en Ideal.

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