Recordando crónicas: Reina de corazones para el Viernes Santo.

Acababa de pasar la cofradía de La Caridad por la puerta de Santiago cuando los almerienses que allí se encontraban, empezaron a ver cómo los hermanos y simpatizantes de la hermandad de la Soledad comenzaban a acceder al interior del templo para iniciar su desfile procesional apenas media hora más tarde.

De hecho la salida de la Soledad contaba este año con un aliciente más para no perdérsela. La Junta Directiva ha decidido suprimir definitivamente los acompañamientos musicales a los dos pasos del desfile y había interés por verlos en la calle ante esta nueva tesitura.

No hubo que esperar mucho tiempo porque, a las nueve de la noche, las puertas de la Fachada Principal de la Iglesia de Santiago se abrían de par en par para que el cortejo de la Soledad saliera a la calle donde ya le esperaba una gran cantidad de público.

Tras la treintena de nazarenos que acompañaban este tramo, salió a la calle el cuerpo de acólitos que, con el incienso y los ciriales, anunciaron la inminente salida del paso de misterio. Félix Miguel Dionis, asistido por José Antonio Sánchez, fue guiando a la cuadrilla para sortear la fachada de piedra y, con el único acompañamiento de algunos aplausos, puso el paso en la calle para iniciar su desfile procesional.

A continuación salió la Cruz Parroquial con la que se iniciaba el tramo de penitentes, mucho más extenso que el anterior, correspondiente a la Virgen de la Soledad. La calle continuaba en silencio, expectante, viendo como el cortejo iba abandonando Santiago poco a poco para perderse por la calle Hernán Cortés camino de la Plaza del Monte.

Después salieron las mantillas y el cuerpo de acólitos y, de nuevo, volvió a escucharse una voz. Juan Fernández Viedma se estrenó este año como capataz del paso de la Soledad y, en este momento, se enfrentaba a su primera gran reto: el de sacar a la Señora a la calle sobre su coqueto paso ante la atenta mirada de un pueblo que siente especial devoción por la Soledad.

Pudo respirar tranquilo porque la maniobra resultó brillante y Almería tenía de nuevo en la calle a su pequeña Virgen, decana de nuestros desfiles procesionales, que es la indiscutible Reina de corazones de la ciudad en fechas de Semana Santa.

Ya estaba todo el cortejo en la calle. La Iglesia de Santiago cerró sus puertas y la comitiva continuó la marcha para recorrer el itinerario que, en primera instancia, debía llevarles hasta la Carrera Oficial en el Paseo.

El paso de la hermandad por la calle Jovellanos supuso el siguiente momento emotivo del desfile tras la salida. Ante una calle atestada de público, los pasos de la Soledad transitaron en silencio por un marco con una belleza incomparable con el Sagrado Corazón presidiendo la estampa desde lo alto del cerro.

A la llegada de la Señora de la Soledad al Real Convento de Las Claras, y mientras reviraba para entrar en Lope de Vega, se escucharon dos saetas que hicieron vibrar de emoción a todos quienes pudieron vivir ese momento. El cortejo subió por Beatriz de Silva y continuó su discurrir en busca de la calle Arráez para llegar al Convento de Las Puras, en otro enclave del recorrido que resulta de especial belleza por la estrechez de la calle, la historia de sus edificios y la majestuosidad de la Alcazaba sirviendo de fondo de la estampa.

La Soledad desfiló por delante de la fachada principal de la Catedral y la rodeó bajando por la calle Cubo hacia el Patio de Bendicho. No cabe duda de que las cofradías han sabido rescatar el casco histórico de Almería y saben hacerlo aún más bello en noches de Semana Santa.

Desde Bendicho la Soledad llegó a la Patrona y, puntualmente, se encontraba a las doce menos cuarto de la noche pidiendo la venia para entrar en la Carrera Oficial. El tránsito del cortejo por el Paseo quedó un tanto deslucido por los claros que se veían en las gradas de la tribuna. Todos los años pasa lo mismo y, conforme el Entierro abandona el Paseo, las gradas se vacían. De todas maneras no es la Tribuna una preocupación para ninguna hermandad puesto que su único objetivo es catequizar a quien la ve procesionar independientemente de la calle en que ocurra. Y, la noche del Viernes Santo, quedó probado que la Soledad cumple con su objetivo. Ha sido este el primer año que ha salido en silencio y, desde el primer momento, la ciudad ha sabido responder a ese silencio sumando el propio. Así, de las marchas y los aplausos en cada levantá, se ha pasado al respeto y el reconocimiento callado de quien ve a la Soledad en la calle. La ausencia de gente en el Paseo fue solo un espejismo de algo que, aun no teniendo sentido, tiene su explicación. Y es que Almería acompañó al Entierro hasta su recogía y prefirió quedarse en las callejuelas para recibir en ellas al cortejo de la Soledad. De hecho, nada más entrar en Ricardos, la comitiva volvía a estar arropada por cientos de almerienses que ya no le dejarían sola hasta el final de su itinerario. En la puerta de San Pedro, donde hacía solo unos minutos se acababa de recoger el Entierro, una representación de la hermandad recibía al cortejo de la Soledad que se dirigía ya de regreso a su templo de Santiago.


Texto: José Leyva en Ideal.
Foto: M. Manzano.

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