Recordando crónicas: La Caridad abrió el duelo de las tres Hermandades de luto del Viernes Santo almeriense.

Antes de que termine la semana y se me olvide, quisiera repasar con ustedes varias cosas que se me han ido quedando en el tintero. Del lunes tenía que contarles que vi a Gran Poder bajando por Marqués de Comillas cuando regresaban ya al Zapillo y que me encantó verles. Consiguieron recuperar un cuarto de hora sobre el horario inicial a pesar de lo largo de su recorrido y ese esfuerzo hay que reconocerlo. El Martes vi al Perdón en Obispo Orberá y, como suponía, fue espectacular. Del miércoles solo haré un chiste sobre el fútbol y es que, estando como estamos en Semana Santa, era de imaginar que el gol lo tenía que marcar un 'Cristiano'. Y, de la caótica noche del Jueves Santo, felicito a los hermanos del Silencio por salir finalmente a la calle pero Paco Moya, el Hermano Mayor, me va a permitir que le pegue un tirón de orejas porque llega a llover de nuevo y te come la ciudad entera.

Por otro lado, quisiera hacer una reflexión sobre el Vía Crucis de La Escucha. Año tras año en torno al Cristo Moreno de la Catedral se agolpan miles de fieles dispuestos a recorrer las calles de Almería a unas horas intempestivas así llueva o truene. No en vano un Vía Crucis, en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, es la manifestación más ancestral de la religiosidad popular y el origen mismo de las procesiones. Los que quieren copiar en exceso a Sevilla defienden que a Almería le hace falta una 'Madrugá' como la hispalense con su Caballo de Triana y todo. Y digo yo ¿Para qué? Ni Almería está aún preparada para una madrugada de ese tipo ni, y esto es lo más importante, la necesita tampoco. Porque lo cierto es que ya tenemos una y nuestra 'Madrugá' es La Escucha. ¡Ahí! Como la hacían nuestros antepasados, el germen mismo de las procesiones del Gran Poder, de la Macarena o de Los Gitanos. Algo mucho más antiguo y profundo todavía y que, en Almería, se sigue realizando. Sevilla será maestra en muchas cosas, cosa que es evidente, pero nosotros también podemos dar lecciones. Creo que nuestra obligación es la de fomentar la participación en el Vía crucis de La Escucha en lugar de soñar con la música de Salteras o Tres Caídas.

Y, ahora sí, voy a contarles cómo y dónde vi a Caridad y qué me pareció su desfile, que los hermanos de esta cofradía tienen que estar pensando que me enrollo como una persiana hablando de todo menos de ellos y tienen que estar ansiosos por leer cosas bonitas sobre ellos.

Y es que, de Caridad, sólo se puede hablar bien. Les vi en la Rambla de Alfareros por primera vez y en el Paseo por segunda y, en ambas ocasiones, me conmovieron. Caridad pone en la calle un cortejo serio, respetuoso, ordenado y cargado de sentido desde el muñidor que lo encabeza hasta la última promesa que camina tras los costaleros de refresco. Y todo para realzar el patetismo de la escena que se representa sobre su único paso: El traslado de Jesús al sepulcro. Es un auténtico cortejo fúnebre.

Salieron puntualmente de la Iglesia de Los Franciscanos y comenzaron a bajar la Rambla de Alfareros como inicio de su recorrido. La calle se iba abarrotando de gente conforme la cofradía avanzaba y, hasta desde un balcón, pude ver a una guiri sacando el portátil para, por vídeo llamada, enseñarle la procesión a váyanse ustedes a saber quién y de qué lugar del mundo ¡en directo! Es lo que tienen las nuevas tecnologías.
La comitiva estaba compuesta por los elementos de siempre. Abría el cortejo el muñidor con el tintineo tan particular de su doble campanilla. Por cierto, si le vieron, sepan que ese hombre es Gabi, vestidor, el responsable de que el Martes Santo la Virgen del Primer Dolor fuera tan reventona de guapa como iba. Gabi iba acompañado por dos libreas portando faroles y, tras ellos, la Cruz de Guía que este año estrenaba los casquillos de remate. A continuación las hileras de nazarenos entre las que se repartían las diferentes insignias, el prior de los Franciscanos junto a otros dos hermanos portando las reliquias de San Francisco de Asís, la presidencia, el cuarteto anacrusa y la capilla musical de viento y el cuerpo de acólitos portando seis ciriales y cuatro incensarios. Todo esto justo delante del paso que procesiona esta hermandad, el maravilloso grupo escultórico del Misterio del Traslado al Sepulcro. Tras el paso, el Consiliario de la hermandad, seis penitentes portando cruces sobre el hombro, los costaleros de refresco y las promesas en último lugar. Todos desfilando en el más riguroso y absoluto silencio que solo se rompía por el muñir de las campanillas y por el acompañamiento musical del paso.

Me gustó tanto verles en rambla de Alfareros que no pude evitar repetir en el Paseo. La sobriedad del cortejo era, paradójicamente, tan exuberante que, de haber podido, les habría visto una tercera vez. Impresionante la vistosidad del desfile y la facilidad con la que imponen respeto ante Cristo muerto. Me quito el sombrero ante un cortejo fúnebre tan imponente como el de La Caridad y les recomiendo a ustedes que lo vean el año que viene en cualquier parte de su recorrido si es que aún no lo han hecho. No les dejará indiferentes.

Texto: José Leyva en Ideal.
Foto: José Juan Mullor para Ideal.

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