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Estupor y desconcierto. Ese es el estado general en el que se encuentran muchos hermanos mayores, representantes de unas cofradías que habían aprobado el cambio de la carrera oficial de la Semana Santa a la Plaza de la Catedral, cambio que había sido refrendado por el obispo de la Diócesis el pasado 27 de enero y desautorizado por monseñor González Montes el jueves de esta semana. La decisión del prelado fue transmitida por el vicario episcopal para la Acción Pastoral y el Apostolado Seglar, Manuel Pozo Oller, a su vez consiliario de la Agrupación, a los miembros de ésta, convocados en principio para concretar los horarios e itinerarios de las distintas hermandades en sus nuevos recorridos que les llevarían a través de la Plaza de la Administración Vieja, Cervantes y Plaza de la Catedral.

Los motivos que ayer se argumentaron por parte del representante episcopal se centran en las numerosas protestas recibidas en el Obispado sobre la decisión de las cofradías de no pasar por el Paseo de Almería -sólo lo harían Prendimiento y Entierro- y la imposibilidad de instalar los 3.500 asientos que en los últimos años se han colocado en la principal arteria de la ciudad.

A pesar de ese importante número había mucha gente de pie, declaró Pozo, por lo que el cambio podría dar lugar a "manifestaciones religiosas más piadosas y hermosas, pero sin la presencia del pueblo, provocando que desde las autoridades civiles y eclesiásticas no estuviese claro el traslado". Hasta aquí todo parece razonable, pero lo que no entienden los cofrades es que esta decisión se haya tomado trece días después aprobar el cambio "de manera experimental", figura con la que el obispo revestía de legitimidad el regreso al Paseo en 2013 si el resultado no hubiera sido satisfactorio. Por otra parte, el comunicado emitido en la madrugada del pasado viernes por el presidente de la Agrupación, José Antonio Sánchez Santander, denunciando "presiones o coacciones de las instituciones relacionadas con la Semana Santa" -Obispado y Ayuntamiento- en la decisión de los hermanos mayores para acordar mantener la carrera oficial en el Paseo, le ha llevado a anunciar su dimisión y presentarse como "presidente en funciones".

Entre los más estrechos colaboradores de Sánchez Santander se considera que es el gran perdedor de un pulso que los hermanos mayores echaron al obispo, no aceptando su petición de incluir el paso de los desfiles procesionales por el Paseo, además de hacerlo ante el primer templo de la Diócesis en una simbólica estación de penitencia que únicamente está autorizada a la procesión oficial de la Semana Santa almeriense. Por su parte, el Ayuntamiento salió al paso del comunicado del presidente declarando que se ha limitado a instar a los organizadores la conveniencia de mantener el Paseo de Almería en los recorridos procesionales "por considerar que es el tramo urbano que permite una mayor y más cómoda afluencia de público, con independencia de la consideración de oficialidad que se le quiera otorgar a esa calle".

Texto: José Manuel Quesada en el Diario de Almería.

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