Julio Alfredo Egea llena de poesía la representación litúrgica del pueblo.


"Nuestra Semana Santa no es un carnaval austero amparado en derroche de vanidades, sino una gran metáfora viva, una invitación a la vida a través de la belleza desde la agonía y el dolor; un encuentro de símbolos positivos a partir de la muerte con raíces evangélicas originadas en el amor, la fe y la esperanza". Limpio de retórica, como era su deseo, y una gran riqueza de palabra que hicieron más grande aún su humilde figura, el escritor almeriense Julio Alfredo Egea Reche pronunció ayer el pregón oficial de la Semana Santa en un Teatro Apolo que contó con la presencia de las primeras autoridades, alcalde y, en esta ocasión además de su propio pregón, el obispo de la Diócesis; y la intervención de la Unión Musical Daliense, con banda y coro, dirigidos por Francisco Enrique Durán y Mari Carmen Callejón, respectivamente.

"Considero nuestros desfiles procesionales como una auténtica conquista del pueblo, una liturgia del pueblo que envuelve en poesía esta lograda representación de misterios fundamentales", manifestó el pregonero en su tercera exaltación a la Semana Santa almeriense tras las de 1971 y 1990, "desde las que ha habido muchos cambios en el número de cofradías, actividades y patrimonio, pero su espíritu sigue siendo el mismo". Los signos amargos de nuestro sentir religioso son duros de aceptar si no es desde la fe, continuó el poeta. "No hay duda de que hay que vigilar la posible introducción de elementos profanos o paganos, pero nunca romper una tradición nacida en la más honda raíz del pueblo".

Para Julio Alfredo Egea, una cofradía ha de ser un conjunto de cristianos que se agrupan queriendo resaltar la muerte de Cristo con un afán común de penitencia, no sólo interna e individual, sino externa y social, "en lo que han de ser ejemplares, sintiendo una honda revolución de amor en su corazones por la presencia de Cristo". Como niño de la guerra, sus primeros libros fueron un clamor por la reconciliación entre hermanos, "donde el amor de Cristo estableciera una paz forjada en el perdón, sin vencedores ni vencidos", expresada en el soneto 'Cristo del Valle'. "De tres clavos la paz está pendiente. No habléis de la nobleza de la espada, ni digáis guerra: cobijad la herida. Leeréis la paz de Cristo por su frente. La paz sobre la muerte derramada . La paz nevando amor sobre la vida".

La imposición del escudo de oro por el alcalde Luis Rogelio Rodríguez-Comendador y unas marchas pusieron el colofón a un bello pregón que no tuvo el esperado y necesario respaldo de los cofrades almerienses al acto oficial previo a la Semana Santa, en el que también intervinieron Lola Haro y Rafael López Usero.

Texto: José Manuel Quesada en el "Diario de Almería".

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