La Estrella se hace a la mar.

Alegría, fervor, amor, devoción, vítores, promesas, cohetes, aplausos, pétalos de rosas y ofrendas florales... todo esto y mucho más acompañó a la Virgen del Carmen durante su procesión por el barrio de Pescadería. Cientos de personas acompañaron a la Patrona del Mar y de los pescadores hasta el Puerto de Almería a pesar del calor sofocante que está viviendo la ciudad esta semana. Este año embarcó en El Sol del Mar de la familia de El Lolo, de larga tradición pesquera del archiconocido barrio almeriense.

Los primeros momentos de la procesión, como siempre, son los más emocionantes puesto que los vecinos, en la plaza de la Iglesia de San Roque, bajo un calor abrasador, esperaban a su Virgen con ansias de recibirla mientras que dentro, entre órdenes, un intenso olor a incienso, costaleros y el repicar de una campana, hacen que el trono se vaya moviendo poco a poco mientras que la respiración contenida inunda el ambiente. Pero la Virgen del Carmen sale de la parroquia sin problemas, los costaleros son expertos y siguen a pies juntillas a su director de orquesta: su capataz. Y entonces todo son vítores y aplausos, junto con algunas lágrimas y llantos de emoción por ver de nuevo, un año más, a la protectora de los pescadores.

La música suena y todos los allí presentes se empiezan a mover. Dejan espacio para que la Reina del Mar pase entre todas las personas allí presentes y empieza la procesión en la que la nota dominante de este año han sido, como no, los abanicos de colores para aliviar el calor. De hecho, una de las anécdotas de la jornada es la que ha protagonizado el párroco de la Iglesia de San Roque, José Joaquín, que se puso una gorra una vez que la procesión llegó al puerto para intentar evitar el intenso sol que hacía a las 18:00 horas de la tarde.

Este año se han visto muchos pies descalzos, personas de rodillas e, incluso, ojos vendados para procesionar a oscuras, promesas que piden salud, dan gracias por el amor encontrado o por esa prueba que ha salido bien siendo recibida por un precioso bebé que trae un pan debajo del brazo. Unas gracias fervorosas que hacen que el ambiente se empañe de aún más devoción si cabe. Otro de los grandes instantes de la procesión de la Patrona de los pescadores es el momento en el que llega al puerto y se puede ver a la Virgen del Carmen con la parroquia que la aloja durante todo el año a sus espaldas presidida, por si fuera poco, por la imponente Alcazaba de Almería que parece que la cuida y la protege desde arriba. Tres símbolos almerienses, la Alcazaba, el Puerto y el mar, unidos para reverenciar a la Virgen.

Al llegar al Puerto parece que todo se acelera y que los instantes no se pueden saborear todo lo que a uno le gustaría porque ya se ve el barco adornado con flores, farolillos y banderillas a lo lejos y se sabe que los costaleros bajarán a la Virgen del Carmen de sus andas, para subirla, con sumo cuidado, a la colorida embarcación pesquera.

Este año la Estrella de los Mares ha sido acogida en el barco El Sol del Mar, desde donde ha procesionado acompañada del resto de las embarcaciones de los pescadores del barrio abarrotada por vecinos que la quieren acompañar hasta el último momento.

De hecho, el viento que se levantó después de comer estuvo a punto de deslucir la procesión porque despertó algo el oleaje en la costa almeriense.

El recorrido de la procesión marítima de este año ha sido distinto, un poco más corto. En lugar de llegar hasta Cabo de Gata, las embarcaciones sólo navegaron hasta Costacabana para volver de nuevo al muelle del Puerto.

Allí todos los vecinos de Pescadería volverán a recibir a su Virgen del Carmen entre pétalos de rosa y más ofrendas florales para demostrar la devoción que sienten por la imagen que una vez al año, contempla la ciudad desde el Mediterráneo.

Texto: Isabel Gallardo en el Diario de Almería.

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