La mantilla de Eugenia de Montijo,una española en Francia.



 
Estas dos prendas fueron donadas al Museo del Romanticismo en 1956 por H.A. Buschek, quien afirma pertenecieron a Eugenia de Montijo. Realizadas en encaje de Chantilly negro, fueron seguramente fabricadas en el país vecino para al emperatriz de Francia.

El encaje de Chantilly, que toma su nombre de la región francesa donde se desarrolló, es un encaje de bolillos realizado con hilos de seda, empleándose dos tipos de hebra, una muy fina para los fondos y otra más gruesa para los motivos, que generalmente son florales. Su ejecución se solía llevar a cabo por mujeres en pequeños talleres familiares.

Durante el siglo XIX el encaje se empleó masivamente en la indumentaria femenina. La mantilla fue una prenda típicamente española utilizada por las damas para cubrirse la cabeza. Las francesas, por el contrario, la colocaban sobre los hombros como un chal. Las revistas de moda de la época muestran gran variedad de prendas que las mujeres se ponían sobre el vestido. Entre ellas, se encontraba la chaqueta de encaje con magas de pagoda que, junto al chal de cachemira, llegaron a ser dos de los complementos más populares en este momento.

Eugenia fue considerada un icono de la moda del siglo XIX, y cualquier prenda lucida por ella pasaba a formar parte del armario de toda mujer elegante. Las revistas femeninas comentaban detalladamente los trajes y complementos que la emperatriz lucía en cada una de sus salidas. Entre ellos siempre estaba la mantilla de encaje de Chantilly, que alcanzó un gran auge durante el II Imperio francés, precisamente debido a la influencia española.
 

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